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VIAJE A LA PROVENZA (II) Y epilogo estudiocreativob.com Provenza
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VIAJE A LA PROVENZA (II) Y epilogo

me gusta conducir

Era mediodía y el solazo era insoportable. Rousillon quedaba a mitad de camino (mas o menos) dirección Valensole y tenía que volver si o si. Guardaba tan buen recuerdo de la primera vez cuando fuimos con las niñas… y se trataba de un viaje fotográfico buscando la Provenza, rincones, artesanía y por supuesto color así que era un imprescindible.

Lo mejor de viajar sola es que te paras donde te parece. Y yo no hacía mas que ver rincones que embotellar. La parte divertida y también peligrosa es que no eres la única persona con idea de parar el coche a disfrutar del paisaje. Al fin y al cabo ¿de que sirve un viaje fotográfico si no es para parar cada dos por tres y disfrutar de las vistas?

Roussillon estaba atestado de gente. Pero el 90% se concentraba en la entrada al Sentier des Ocres un paseo imprescindible, muy bien señalizado y perfecto para hacer con niños pisando literalmente diversos matices de ocres. Supongo que tienen razón los que lo comparan con un pequeño “Cañon del Colorado”

A esas alturas del camino empezaba a estar agotada así que me senté en un banco y comí tranquilamente mientras oía un montón de gente zumbando en todos los idiomas del mundo: japoneses, rusos, italianos, ingleses… todos pululando por ahí, sentándose a disfrutar de las vistas mientras yo comía mi bocadillo.

Es un pueblo taaaan bonito.  Paredes ocres y rosas, viñas cubriendo patios donde estar a la fresca, silencio roto por las chicharras y tiendas y puestos de artesanía y pintura como no podía ser de otra manera.

Después de un paseo por el pueblo que me dejó algunas de las mejores instantáneas del día, volví al coche y puse rumbo a Valensole. Rumbo hacia la puesta de sol que tanto había esperado.

Preparar el viaje fue un pequeño reto. Tenía un vago recuerdo de la vez que viajamos en familia, aunque no llegamos mas lejos de Rousillon con lo cual me quedaba una etapa a ciegas. ¿recordáis mi amanecer fallido buscando un rinconcito que fotografiar a la hora apropiada y como había sido un fiasco? Aquí tuve que tirar de investigación porque amigos, si hubo algo difícil, fue buscar el lugar donde esperar la caída del sol y no echar a perder el viaje .

Luego estaba la parte emocional. Superar las dudas, el PuedeQueEsteMayor, el NoQuieroQueLaFibromialgiaMeLoFastidie y conseguir sacudirme los remordimientos por viajar sola y no aprovechar la experiencia con mis niñas.

La respuesta estuvo en Google y en un marido que no ha dejado de animarme a retomar la fotografía y a tomarme mi tiempo. Sin el no habría vuelto a coger una cámara y no habría puesto en marcha este proyecto que debo confesar me está devolviendo la ilusión y las ganas de crear. De vivir, en definitiva, la vida paralela que siempre quise (aunque no sea a tiempo completo y si a horas bastante intempestivas entre deberes, cenas y robarle horas al sueño)

Google tuvo la culpa también de que descubriera que en la Provenza también hay molinos de viento. Como los de Don Quijote. Y quería ver uno. Uno en concreto en un lugar perfecto porque se me antojó que tenía que probar la técnica del tiny planet con un molino de viento e infinitos campos de lavanda.

Creación. Composición. Frustración jajajaja

Compongo con lo que hay. Juego las cartas que tengo y eso a veces puede ser frustrante pero también tiene algo de entretenido. Sobre todo si tienes la opción de desviarte del camino, para buscar un molino de viento en lo alto de un cerro para echar unas pocas fotos.

Molino de St Pantaleon en la Provenza

Así acabé en el Moulin de ST Pantaleon feliz.

No se puede decir mas.

Llegué, lo disfruté, hice una nota mental de “sin duda necesito un objetivo 10-20mm para que me quepa todo” y continué mi camino como un vaquero hacia la puesta de sol.

Es un viaje Express. ¿Qué esperábais?

Llegué pronto a Valensole, lo que me dio tiempo para encontrar el sitio que buscaba, decidir la mejor posición con el mejor encuadre y esperar la puesta de Sol como El Principito.

Si, bueno, fueron casi dos horas esperando, así que caminé, cambié de sitio tres veces, me divertí viendo japonesas con vestidos blancos retratándose entre la lavanda, hice algunas tomas divertidas con el oso de peluche que llevaba de atrezzo y tuve una conversación interesante con un norteamericano.

Se ve, que estaba cansado de esperar. Claro, los días cercanos al solsticio de verano el Sol no se va a dormir pronto precisamente y se me acercó a preguntarme si no sería mejor la salida del sol. Habían viajado como yo sólo por aquella puesta de sol. Desde USA. Para disfrutar de ese momento. Si, allí estábamos un montón de locos esperando disfrutar de las vistas. Creo que cuando le dije a que hora había que levantarse para ver salir el sol, lo descartó. En fin, eran las 21h el astro rey no bajaba y yo llevaba en pie desde las 5h30. Se notaba que hablaba con conocimiento de causa.

Para concluir, solo puedo decir que mereció la pena cada kilómetro (y cada gota de sudor).
El madrugón, el calor, el mogollón de gente en todas partes, esas semillas que se enganchan como velcro a tu ropa.. todo mereció la pena. Mereció la pena el concierto de abejas zumbando a tus pies y acomodarse entre ellas sin miedo porque ellas, como tu, están disfrutando de la lavanda. Los colores, la caída del sol, como se desparrama por el horizonte …
y dejar de hacer fotos.

Campos de lavanda en Valensole

Para verlo en vivo y en directo.

Entonces recordé esa escena de la película La vida Secreta de Walter Mitty, cuando por fin da con el fotógrafo que lleva días buscando. Está con su cámara, esperando despues de un montón de días al acecho, captar la imagen de un animal que se ve poco y, cuando por fin aparece, se aleja de la cámara y pasa de ella. Solo para disfrutar del momento. Disfrutarlo él.
Entonces lo entendí.

Y disfrute del momento hasta que no se veía apenas.

Espectacular.

…» A veces no la saco, si me gusta el momento. Personalmente, no me gusta que me distraiga la cámara, quiero formar parte de ello. Estar ahí…estar aquí.»

La vuelta en plena noche cerrada y con el cansancio del día se me hizo larga. Por suerte por autopista pude poner el piloto automático y ya no necesité parar para nada mas hasta llegar a mi alojamiento. Estaba como un niño con la tripa llena de dulces.

Mas que satisfecha.

EPILOGO

El domingo tenía previsto volver y parar en el parque de la Camargue para disfrutar de los caballos y los flamencos, pero seguía empachada de dulces : P
No necesitaba correr mas, así que simplemente desayuné con calma, cargué el coche y paseé por St Remy, Una guinda para el pastel muy merecida.

Hay que ver St Remy en Provence. Las huellas de Van Gogh, los crêpes de chocolate, los jabones, sus galerías de arte…. y volver a Senanque y a los campos de lavanda de Valensole y, posiblemente, entrar otra vez en el Sentier des Ocres.

Hay que volver a la Provenza siempre.

Dejaré la Camargue para otra ocasión. Porque este solo fué el primero de muchos viajes fotográficos. Eso sin duda, es la promesa y mi nuevo propósito en la vida 🙂

«Ver mundo, correr riesgos, ver mas allá de los muros, acercarse a los demás, encontrarse y sentir. Ese es el propósito de (LIFE) la vida»
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